Cuentos Romanticos Cortos: "La maldita espina"

Cuento Romantico "La maldita espina"
Escrito por Nabil Ammour
Un día primaveral, estaba paseando de madrugada, recorriendo los caminos sinuosos del bosque para buscar un alojamiento apartado y tranquilo donde podía instalar mi doble techo. Después de tantas horas de marcha perseverante, llego a un grande lago, un lugar tranquilo y alejado. Habían algunos pequeños mesones alrededor pero muy lejanos del lago, instalé mi doble techo, tendí mi hamaca y empecé a descubrir la zona para recoger leña y llenar agua.

A mediodía estaba muy cansado, así que dormí y sin darme cuenta permanecía durmiendo bastante tiempo hasta el atardecer.

Por la noche, había una oscuridad total, un silencio horrible predominaba la zona, solo el aullido de algunos animales rompía aquel silencio, estaba asustado, pero me acordé del revólver que tenía y me quitó el susto.

No pude dormir, este silencio me inquietaba, la verdad, quisiera ser aventurero y nunca pensé que seria una tontería alojarme toda la noche en un pequeño doble techo en pleno bosque y sobre todo cuando sentía que estaba rodeado por curiosidades y secretos. No dormí toda la noche por causa del miedo, casi pasé toda la noche en blanca.

A las cinco de la mañana, ya estaba rayando el alba, de repente escuché un grito muy fuerte que procedía de un lugar muy cercano a mi doble techo, rápido salí de mi doble techo tomando el revólver a mano para averiguar de donde vino el grito.

Desde bastantes metros vi a una muchacha que estaba cayendo por el suelo, corría hacia ella para preguntarle de lo que pasó, y me acerqué a ella para ayudarle y para levantarle del suelo.

En aquel momento, no sabía que me pasó, sus ojos me hechizaban desde la primera mirada, un cupido me flechó en el fondo de mi corazón, sus ojos relataban la inocencia de un ángel.

La mire profundamente a los ojos, era sorprendente que podía mantener la calma en un momento como ese.

No osé ni siquiera preguntarle de su nombre, me quedaba embobado sin movimientos, mi corazón latía vigorosamente, ella se puso pálida ya que por primera vez nos pasábamos por aquella situación donde el destino nos reunió solos en aquel lugar apartado y aislado, me quedó perplejo, no sabía lo que tenía que hacer ni decir.

Pronto el susto se apoderaría a ella como a cualquier otra chica normal. Desvío su mirada de la mía y comenzó a llorar en silencio como una pequeña niña que añoraba la ternura de su madre. La verdad no sabía porque estaba llorando ni temblando. Qué le hizo incorrecto para que empezaría a llorar y temblar, no podía ocultar mis emociones ni negar que sus lágrimas me causaron una gran piedad; en aquel momento deseaba abrazarla con toda fuerza y llorar con ella para tranquilizarla y volverla la seguridad y la confianza. Pero como podía tragarme mi orgullo de hombre y llorar, alguien tenía que ser fuerte por los dos, así que no lo hice, tenía que mantener la calma.

Miré hacia el cielo y pensé como podía volver la sonrisa a su rostro pálido, ¿Qué te pasó cariño? – ¿Qué estabas haciendo en este lugar?-¿Por qué estás llorando de esta manera? le dije con suavidad y le pregunte.

Ella me miro un rato, no me contestó y siguió llorando más y más, pero a pesar de seguir llorando, nunca quería acercarse más a ella o insistir más para no asustarla.

Tenía que buscar rápidamente una manera idónea para tranquilizarla y devolverla la sonrisa o al menos cesar su lloro, pensé que un chiste gracioso podría resolver el problema, le conté un chiste, pero a pesar de que mi chiste fue gracioso, ella seguía llorando como si no hubiera escuchado nada. Me reí un poco; me pareció una grandiosa idea, pero me callé rápidamente al ver que ella no me había seguido. Reírme en un momento así era pasarme totalmente de la raya. ¡Qué idiota había sido!

¡Mi pie me duele muchísimo! Me comento, o por lo menos eso fue lo que logre escucharlo, ya que su voz era apagada por los sollozos.

¡No te preocupes! ¿Podría ver que pasó a tu pie? Le dije en voz preocupada.

Le escrute suavemente su pie, una grande espina le picó profundamente en su pie derecha y le causó mucho dolor, en aquel momento entendí que el motivo de su lloro no era la espina que le picó sino el revólver que tenía a mano, ella se asustaba de mi cuando me aceró a ella. Le quitó atentamente la espina de su pie sin hacerle el mínimo dolor, enseguida una bella sonrisa se pintó sobre sus dulces labios.

No había nada más que quisiera en ese momento que abrazarla fuertemente y decirla que en toda mi vida no vi a una chavala hermosa más que ella.

Después de tanto lloro, le levanté y le desplacé a un pequeño hospital que estaba situado alrededor del lago, me agradeció mucho por ayudarle y sostenerle. Lo último que sentí de ella fue su mano sujetada a la mía. Lo último que vi de ella fueron aquellos lindos ojos inundados de lágrimas, Lo último que escuche de ella fueron aquellas palabras de agradecimiento antes de la despedida.


Después del susto que me pasó anoche, regresé rápidamente al lago para recoger mi doble techo y volver a mi casa, ésta será la primera y la última aventura que la hizo en toda mi vida porque jamás pensare algún día en la idea de ser aventurero otra vez…

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